– por JoshSolana_

 

Vista de la terraza del cinépolis de Centro Magno desde el elevador ascendiendo.

Dentro del mar de proyecciones de la pasada edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, la marea trajo a las costas de Jalisco un documental sobre seis emblemáticas islas del noroeste mexicano, ubicadas a unos cuantos kilómetros de Baja California Sur.

Primero hay que agradecer las funciones del FICG. En esta edición número 40, el festival ofreció una vasta programación: competencias, homenajes, secciones paralelas, series… películas proyectadas en múltiples pantallas a lo largo de la zona metropolitana de Guadalajara. En medio de ese oleaje cinematográfico, el Cinépolis de Centro Magno acogió la segunda función de Isleño, documental de César Talamantes.

Y como digo, vivir una función dentro del FICG  es una experiencia digna de una observación crónica. Para quienes conocen Centro Magno, basta con evocar su techo de cristal, las escaleras doradas, el letrero de neón morado que parece salido de otra época. En la sala 2, entre luces tenues, se proyectó el documental sobre el que gira esta crónica. 

Isleño tuvo su estreno mundial un día antes en la Cineteca FICG. Y es rico, como espectador, el diálogo que estas proyecciones generan entre sus directores y sus consumidores más próximos, y sobre todo los primeros, antes de iniciar la película, una voz nos anuncia que el director tendrá un Q&A al final de la película. 

Mujer con micrófono en la proyección de Isleño.

Es rico el diálogo que estas proyecciones generan entre sus directores y sus consumidores más próximos, y sobre todo, los primeros.

El documental inicia, el viaje que propone es cíclico: se cierra una y otra vez en clímax. Un documental que no sólo abarca historias personales, sino la de comunidades enteras. La edición es notable y la selección de imágenes se siente precisa. Desde una escena tensa dentro de una jaula hasta una red que la cámara persigue por la arena, el director logra sumergirnos y convertirnos, por momentos, en habitantes más de esas islas. Isleños.

La proyección termina. Las luces se encienden, los créditos corren. Voluntarios cargan micrófonos y los prueban con un par de golpecitos. Nosotros, el público, esperamos la aparición de César Talamantes: paceño, flaco, de lentes, rostro sereno. El director toma el micrófono.

César Talamantes

César Talamantes, frente al público.

Empieza contando su roadtrip: esta película es, literalmente, el viaje de un sudcaliforniano que, como ya lo hizo en Los otros californios, vuelve su mirada hacia los habitantes de su tierra. Para Talamantes, los sudcalifornianos son personas que han resistido. Han luchado por habitar un medio hostil: el desierto agreste, la precariedad económica, el aislamiento. Y, pese a todo, han conservado una dignidad profunda. Esa resistencia es lo que documenta en Isleño, al recorrer seis islas del estado donde viven poblaciones que han hecho del mar y la tierra un modo de vida.

 El cine de esta parte del país es difícil de etiquetar, pero hay una palabra que siempre parece regresar: resistencia. Como habitante de la Baja, lo afirmo: nuestros documentales son actos de lucha. Lo son porque capturan un modo de vida que desaparece, migra o resiste. Y ese registro, que es memoria viva, también es patrimonio. Es, como ciertamente dice el director, registro histórico que ahora es patrimonio del país. Así respeta César el documental. Respeto con el que vemos que se aproxima en la narración de su película. Con delicadeza, siendo un testigo nada más, un testimonio. Su fotografía es generosa con el paraíso que retrata. Las islas, —El Pardito, Santa Margarita, San José, Santa Magdalena, Natividad y San Marcos— conforman una curaduría perfecta que, a través del tour guiado en el que seguimos a Talamantes, vamos conociendo la historia de cada una de estas poblaciones, diferentes todas y con heridas particulares. Unas pesqueras, otras mineras, unas que solo sirven para el trabajo, otras con poblaciones fantasma. Pero todas compartiendo la vocación de existir, resistir y habitar.

Isleño participó en el pasado Festival de Cine en Guadalajara en competencia por el Premio Mezcal. César Talamantes es uno de los representantes más importantes de la cinematografía de Baja California Sur y su obra  El pardito (2003), Los otros californios (2008) y ahora Isleño (2025), que es, como bien dice, memoria viva, un registro histórico de la península de baja sur, de su gente y sus pueblos e islas. Habrá que seguir de cerca la carrera de este cineasta paceño.

Isleño habla sobre la resistencia sudcaliforniana.

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