VIOLET :

Una reconstrucción de la ansiedad.

 – Por Mauricio Orozco
@Eralvy

“No quiero sentir miedo todo el tiempo” 

Es complejo tratar de representar en el cine una afección mental sin dejar entrever una perspectiva que promueva un juicio de valor, que reduzca el planteamiento a una observación sesgada o limitada. Aunque siempre es elocuente cuando un realizador audiovisual logra acercar una revisión global por medio de una mirada que tiene como objetivo básico el de traducir las emociones a los elementos de los que el cine se alimenta para recrear parajes que conectan desde el imaginario colectivo.

Violet” (2021) cuenta la historia de una chica que aparenta una confianza envidiable, que le ha otorgado grandes éxitos como productora de cine en Los Ángeles. Sin embargo, detrás de esa fachada se oculta una maraña de pensamientos y voces que la persiguen, buscando a toda costa hacerle sentir insegura y culpable ante cada decisión que toma.  

Este es el primer largometraje de la directora Justine Bateman, quien se acerca a su gran experiencia como actriz, otorgada por una filmografía comprendida por casi sesenta producciones que le han permitido adentrarse en el mundo del entretenimiento desde la serie de televisión, el cortometraje y el largometraje, tomando como base sus experiencias personales para armar una crítica voraz que interpone el valor simbólico del mundo del cine sobre la atención a la salud y bienestar mental del otro, a partir de una meta-narración que se modela fielmente a una problemática colectiva de la contemporaneidad.  

Este escenario es el punto de arranque para cuestionar temas como la depresión y la ansiedad como impedimento para vivir con plenitud, a partir de una representación audiovisual que hace un acercamiento vertiginoso en donde el uso de textos escritos en pantalla, imágenes sin aparente nexo entre sí, un sonido agobiante y secuencias a toda velocidad, son algunos ejemplos de las técnicas que entretejen varios niveles narrativos, en donde decanta en una complicación del relato, volviéndose exigente con el espectador a partir de la simulación del ritmo de una mente que divaga entre pensamientos aleatorios.     

La narrativa va en un constante aumento de intensidad, llevando a Violet ante nuevos retos que ponen a prueba su estabilidad emocional, procurando ilustrar lo complejo de su exterioridad y las luchas personales que le obligan a actuar desde lo que “debería hacer” renunciando a sus deseos con tal de cumplir las expectativas de los demás. El uso del flashback se vuelve un recurso terapéutico que explora la psique del personaje, buscando en el pasado aquellas emociones inocentes de la niñez para generar la paz del presente, pero también encontrando explicaciones para entender el origen de sus inseguridades y temores.

Los momentos en donde Violet debe enfrentarse a la realidad fuera de su cabeza se vuelven enfrentamientos épicos que no necesitan complicadas construcciones dramáticas, pero sí una entrega emocional con mucha determinación para economizar cuando se debe y sobre poner cuando es necesario.

La creatividad aplicada al manejo del lenguaje cinematográfico vuelve a la cinta un espacio lúdico en el que el espectador se vuelve el receptor de la emotividad contenida en el personaje, creando un vínculo que articula una revisión compartida sobre la represión, el menosprecio y la reducción de los sentimientos para establecer la importancia del autocuidado y la empatía frente a un mundo deshumanizado. 

Después de su estreno mundial en la más reciente edición del Festival SXSW, en donde recibió la nominación al Gran Premio del Jurado. “Violet” se estrena en México como parte de la Competencia Oficial de la décima edición del Festival Internacional de Cine de Los Cabos y la podrás disfrutar de manera virtual desde su plataforma gratuita habilitada para todo territorio mexicano.

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