¿QUÉ HAGO EN UN MUNDO TAN VISUAL? 

Un cuestionamiento a los sentidos

 –Por Mauricio Orozco 
@eralvy

 

¿Cuántas veces nos detenemos a pensar en las condiciones con las que accedemos al mundo a través de nuestros sentidos? ¿Qué pasa cuando nuestros sentidos cambian sus características y debemos adaptarnos a nuevas realidades? 

Este tipo de preguntas son a las que nos introduce Manuel Embalse en su documental “¿Qué hago en este mundo tan visual?”, en donde nos presenta al artista multidisciplinar Zezé Fassmor, quien hace 10 años perdió la vista a causa de un golpe que le desprendió la retina y que degeneró en una enfermedad dejándolo con una ceguera total donde asegura solo puede reconocer manchas de luz y destellos. 

Una historia que en lugar de montarse en un aparatoso armatoste narrativo que nos lleve a través de su historia, el director decide que Zezé sea quien nos cuente su historia en primera persona, siguiéndole entre las dificultades a las que se enfrenta, pero también sensibilizándonos a partir de los mecanismos que ha desarrollado para apreciar el mundo desde el resto de sus sentidos, generando imágenes que aunque no pueda ver, entiende que están ahí y aprecia su valor, incluso estético. 

La historia de Zezé y la manera en que interactúa con el mundo se adaptan gracias al manejo de un montaje dinámico, que nos presenta a su personaje en una revisión integral mostrándonos la forma en que su sensibilidad le ha permitido encontrar la belleza y plasmarla a partir de su creatividad. El director juega y se aprovecha de esto incluyendo una mezcla de técnicas que van desde el recopilado de videos grabados desde la cámara de Zezé, juega entre los sistemas de asistencia de su iPhone, se expresa haciendo referencia a las notificaciones de las redes sociales y manipula el sonido para guiarnos en un refrescante juego sensorial que hacen de este documental una experiencia interactiva. Hay dos momentos de la cinta que sobresalen por la gran carga de sensoriarilidad en la apreciación y la contemplación del mundo desde la concepción propia de Zezé. La primera es cuando visita las cascadas de Iguazú, en un viaje que va descubriendo a partir de las descripciones, los sonidos y los impulsos que van armando un imaginario en el que nuestro personaje se nota pleno. Y el segundo momento es cuando el personaje está bailando en una cancha vacía a un ritmo que no sigue patrones sino que irradia una libertad total a partir de sus movimientos sin ataduras que se extienden hasta su bastón de asistencia que agita con efusividad al ritmo de la música que solamente él escucha en sus auriculares personales. 

“¿Qué hago en este mundo tan visual?” No solamente es una invitación a repensar nuestro entorno cuando nos hace falta un sentido, sino que se expande y propone una pregunta mucho más amplia que nos hace vislumbrar cuánto dependemos de la mirada en un mundo que ha capitalizado desde las imágenes más banales y comunes hasta las imágenes más elaboradas, por medio de una necesidad por estar siempre con los ojos al servicio de las millones de opciones que nos bombardean en el día a día, y que de alguna manera nos hemos confiado demasiado, ofreciéndonos a las imágenes con una fe ciega que permea en esa interpretación de la realidad, sin desarrollar un cuestionamiento profundo sobre la cercanía y el uso de esas imágenes con nuestra realidad propiamente. 

Esta cinta de manera muy simple se acerca para ejemplificar con mucha emotividad aquel concepto de “La modernidad líquida” propuesto por el filósofo Zigmunt Bauman, en donde planteaba que las sociedades contemporáneas nos hemos vuelto cambiantes, flexibles y adaptables, articulando esta metáfora de lo “líquido” como una capacidad que hemos desarrollado para desprendernos de las ataduras del tiempo y el espacio rompiendo lo establecido y buscando una evolución, que como hemos visto en las últimas dos décadas, la tendencia nos lleva a un mundo en donde las imágenes están presentes, pero ya no nos permitimos apreciarlas detenidamente, sino tratar de generar una versión virtual de ese momento o situación pasajera por medio de una fotografía, una historia, un tuit o hasta un meme, obviando la necesidad de la veracidad.

Este documental argentino se desarrolla con soltura ante las propuestas que rompen los límites y que fomentan un cuestionamiento a los cánones narrativos en el cine, por medio de una búsqueda de nuevas formas para generar una performatividad que no se detenga ante los límites de la imagen ni los del sonido. Es parte de la sección “Luz de día, noches de neón” de la quinta edición del Festival de Cine Contemporáneo Black Canvas. 

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