LOS DíAS FRANCOS:

Más ayuda el que no estorba

 

 – Por Eduardo «Güero» Jiménez

Dicen que más ayuda el que no estorba. Amanda (Stephanie Salas) y su hijo Nico (Arturo de la Rosa) se estorban. La responsabilidad de cuidar a Nico no le deja a Amanda perseguir de lleno su carrera trunca de actuación. La ambición individual de Amanda no deja que Nico tenga el desarrollo y crecimiento que necesita. ¿Qué se hace en esta situación? 

Esa es la pregunta que explora “Los Días Francos”, la ópera prima del director Ulises Pérez Mancilla. En sus palabras, “es una película que reivindica el fracaso”. En efecto lo hace, tanto dentro como fuera de la ficción. 

La película tropieza en momentos y se nota incómoda consigo misma en un principio, pero a lo largo del metraje encuentra confianza para terminar de manera sólida; y en retrospectiva, reivindica esos tropiezos en la primera parte de la película al dar una exploración interesante de un tema complicado de forma diferente. 

Diferente a raíz de la naturaleza de la historia. Se podría prestar fácilmente a los extremos de los melodramas que inspiran y a los que se hace referencia en la película. Pero no. La ficción se presenta de una forma más sutil y con un tono relativamente cálido y ligero. Aludiendo de alguna forma a que tal vez, la historia no aborda un fracaso, sino un éxito. 

Stephanie Salas como la titular Amanda hace un esfuerzo protagónico que en momentos rinde frutos interesantes y en otros se percibe un poco fuera de lugar. Algo que seguramente durante el proceso se fue afinando. Así mismo el trabajo de Arturo de la Rosa como Nico sorprende en momentos duros pero con mucha verosimilitud. 

Algo que no he mencionado es el trabajo del actor Alberto Santiago interpretando a Bull, una inversión de los personajes femeninos incondicionales de antaño. Aparte de ser un personaje bien ejecutado y en momentos el ladrón de las escenas, también funge como el punto de entrada para el público general hacia el entendimiento del absurdo mundo de la actuación. Particularmente la escena en la que hablan sobre la experiencia de Amanda en un corto estudiantil. 

Si algo logra esta película es dar un retrato de lo tonto y bizarro que es el mundo del cine, la televisión, publicidad, etc. Y explorar de manera interesante, competente y aunque en momentos accidentada, un tema complicado desde una voz autoral. Al final termina siendo un proyecto coherente que deja mucho de qué hablar y reflexionar. Abierto a la interpretación, no juzga a sus personajes y aunque falla en momentos, tiene mucho corazón.

Esta cinta tuvo su estreno mundial y fue la encargada de inaugurar el GIFF para su edición 24, en su sede de Irapuato.




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