TE LLEVO CONMIGO

 – Por Fabiola Santiago
@fabsantiagocine

 

 

“¿Crees en el destino?” 

A veces sucede. Que un primer acercamiento al conocer a alguien dé lugar a horas de palabras y gestos, hasta que el cielo se pinta de lila cerca del amanecer. Sucede entonces la confianza inmediata, la comodidad de quienes, parece, ya se esperaban. Le sucede a Iván (Armando Espitia) y a Gerardo (Christian Vázquez): una vez que se conocen, el destino parece sellado. 

La trama de Te llevo conmigo (Heidi Ewing, 2020) podría explicarse simplemente así, si no abordara la complejidad de lo que llamamos destino cuando solo miramos la superficie. Pero la historia de Luis y Gerardo es una historia real que abarca muchas otras dimensiones. Con una narrativa fragmentada entre la juventud de la pareja en 1994 y la época actual -e incluso asomos a la niñez de ambos- la directora Heidi Ewing intenta plasmar un panorama mucho más extenso de lo que sucede en torno a la pareja. 

Una vez fuera del bar gay clandestino en el que se conocen, la magia del primer contacto se ve nublada por la realidad: Iván ha pasado su vida ocultando su orientación sexual, tiene un hijo pequeño y desea destacar en la cocina. La llegada de Gerardo lo reanima, pero también lo inquieta y finalmente lo lleva a buscar una vida en la que puedan amarse y crecer, del otro lado de la frontera. 

“Siempre he pensado que cada persona tiene algo que lo espera. Como si la vida guardara una sorpresa para cada uno de nosotros. Tú eres la mía. Nada más que llegaste un poquito temprano. “

 A Iván no solo lo espera Gerardo. Lo espera también su amiga Sandra (Michelle Rodríguez). Y en Estados Unidos lo espera una carrera exitosa en la cocina. Y, años después, lo espera su hijo de regreso en México. 

La directora Heidi Ewing encontró en dos de sus amigos la historia para su primera película de ficción. Le precede una carrera sólida como documentalista, palpable en distintos aspectos de la cinta: desde el hecho de que se trata de una historia real, hasta la decisión de que sean Iván García y Gerardo Zavaleta quienes se interpreten a sí mismos en sus versiones mayores. 

Entre algunas secuencias de melodrama excesivo al tratar de contagiar la emotividad de sus vidas, la confección de la película se siente por momentos accidentada, como si algunas piezas no embonaran por completo con otras. A falta de un parecido físico más evidente entre actores y no actores, la aceptación de que se trata de una misma historia puede tardar un poco en llegar. Esta disonancia, sin embargo, además de recordarnos la mezcla de ficción y realidad en la cinta, puede ser el vehículo de otro recordatorio: que esta es la realidad de ellos dos en específico, sí, pero también la de muchos otros rostros que ven divididos sus afectos y esfuerzos entre México y Estados Unidos.

La decisión de dirección de hacerlo así revela también una búsqueda por empatar los distintos caminos de Ewing, un intento por dar con un lenguaje propio y, más importante, denota un respeto al trabajo de los actores protagonistas y un cuidado hacia las personas que le confiaron su historia. 

“Hay días que la sensación no se me quita. La llevo conmigo a donde vaya. A veces se me confunden los sueños con las memorias. Porque una parte de mí sigue allá.”

Ese acercamiento meticuloso de Ewing va más allá de Luis y de Gerardo, y se extiende hacia el factor cultural de la cinta. La cineasta consigue plasmar una mirada desde los ojos de sus protagonistas, más que desde la suya. Es así que la cinta no se percibe exotizante o ajena respecto a México, sino que refleja la nostalgia por los rincones, por el mercado, por el comedor familiar, o por los juegos que disfrutaban de pequeños. A esto contribuye la cámara de Juan Pablo Ramírez (Huachicolero, Chicuarotes), que además de pintar los cielos idílicos del enamoramiento, encapsula la melancolía de quienes se sienten atrapados entre dos mundos. 

Más allá de aciertos o tropiezos, Te llevo conmigo conecta desde un lugar de cariño y cuidado, mismos que impregnan toda la cinta. Sin embargo, la contraparte de esto es la tristeza que permea y que desde la intolerancia a orientaciones sexuales y nacionalidades puede opacar toda posibilidad de florecer. Así como el documental y la ficción se encuentran en esta obra, Heidi Ewing también consigue evocar dos emociones opuestas, pero decisivas en la historia de Iván y Gerardo. 

“Ya no sé si el destino existe. Lo que sí sé es que la vida a todos nos da una sorpresa. Tú eres mi sorpresa y yo la tuya. Y aquí estamos.” 

Comparte nuestra nota a través de:

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Síguenos en nuestras redes