THE GIRL AND THE SPIDER

 – Por Andrea Rendón

Una de las sorpresas de la programación de la sección Encounters del Festival es la nueva película de los hermanos Ramon y Silvan Zürcher. Con una premisa bastante simple, los directores nos llevan a un departamento en Berlín, en donde Mara y Lisa vivían, pero una de ellas ha decidido vivir sola.

Esta película es elegante y sutil, lleva perfectamente los vaivenes de la vida frente a las historias de los vecinos del apartamento y los inquilinos del edificio. Son como una gran familia que va conviviendo armoniosamente dentro del caos que hay en su vida y el edificio.

Mara (Henriette Confurius) ayuda a Lisa (Liliane Amuat) a mudarse, el departamento se llena de trabajadores y de la madre de Lisa interpretada por Ursina Lardi, quien le ayuda pero a la vez decide coquetear con el reparador del departamento. De repente el sitio se vuelve un lugar con todos los inquilinos tratando de ayudar pero también entorpecen la situación. Se siente sobrecargado el ambiente pero Mara sigue tranquila pese a varios cortes que tiene por accidentes, mantiene la calma y logra salvar a una araña mientras poéticamente, se enamora del ayudante del reparador, pero también parece que tiene un aura magnética frente a todos, aunque muchas veces su presencia desaparezca para ellos.

Las historias de los vecinos se van uniendo como cuentos, uno a uno develan sus intenciones y su pasado, el amor entre ellos aparece y desaparece como un sueño. Una historia curiosa es la de la vecina de la 3ra edad, un gato se pierde siempre y todos ellos tienen la teoría de que el gato en realidad engaña a sus dueños con ella: ¿quién compra comida para gatos si no tiene?

La atmósfera es sutil, todo combina en el diseño de producción: los colores, las escaleras, las herramientas parecen convivir y coexistir entre ellas. Hay dos personajes que entran hacia la mitad de la cinta: dos vecinas. Una de ellas es una persona que vive en la noche y duerme en el día, la fiesta para ella es todo y el día es para cultivar su cuerpo. Particularmente hay unos diálogos que Mara y uno de los niños vecinos tienen sobre ella que causan una extraña sensación de enamoramiento hacia ella, como una oda a lo que ella representa y su tristeza frente a los humanos que la rodean.

Coqueteos, amor, renovación, una araña que teje historias entre ellos y se aparece en la pared, una fiesta y hasta ver por la ventana se convierten en situaciones poéticas gracias a los bellos diálogos de los personajes. Magnética de principio a fin, nada mejor que un buen soundtrack para terminar una película así que la canción Vuela, Vuela.

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