De reconvenciones y la interacción con otros cines

 – Por Mauricio Orozco 

Una de las cualidades que le otorgan originalidad al cine se da a partir del entendimiento que él o la creadora tiene de éste, y cómo logra establecer una interacción con su propia realidad, aun cuando su intención sea alejarse de ella al momento de crear.

Desde que movimientos como el Neorrealismo Italiano invitaron a los cineastas a dejar los cánones atrás y experimentar con el artefacto fílmico, se entabló otra relación entre el creador y la creación, una en donde la realidad se transforma en una ventana a dimensiones infinitas vinculadas a nuestros deseos y más grandes temores. Y es que la experiencia cinematográfica nos ha permitido integrar un diálogo en donde ya no tratamos de descifrar si se trata de una representación de la realidad o la creación de una realidad propia, sino que ahora interactuamos con esas realidades por medio de una complementación con nuestra propia experiencia vivencial.

Esto ha permitido que con el paso de los años podamos ir encontrando voces que navegan y exploran esas realidades ayudados de las herramientas audiovisuales, para materializar aquello que difícilmente se puede ver, escuchar o tocar.

FICUNAM es un espacio que se ha forjado como un escaparate para los talentos que justamente se acercan y exploran a través de re-imaginar el cine, a partir de una oferta que no se centra en los grandes títulos comerciales sino en las grandes reflexiones sobre el lenguaje, sobre la temática, sobre la interacción con el espectador, pero sobre todo que replantean con constancia la idea de la experiencia cinematográfica.

Durante este año FICUNAM se demostró a la vanguardia erigiendo una edición completamente virtual, con un gran catálogo de actividades y una gran curaduría en cada una de sus categorías, que para facilidad del usuario se ofertaban por las plataformas Mubi y Cinépolis Klic, de manera gratuita; logrando conceder honor a esta constante re-comprensión del cine, y ahora desafiando incluso las distancias físicas, ampliando y buscando democratizar este espacio cinematográfico a todo México, sin dejar de lado la calidad y pasión con que se ha desarrollado el festival a lo largo de 11 ediciones.

Dentro del marco de este encuentro y siguiendo esta búsqueda constante por otorgarle voz a talentos que han posicionado al cine desde diversas perspectivas, se rindió una retrospectiva en honor a la obra del cineasta Tsai Ming-Liang, con la proyección de algunos de sus largometrajes y cortometrajes más representativos.

Es siempre positivo tener la oportunidad de encontrarse con la obra de algún cineasta tan multifacético que ha trabajado con diferentes expresiones artísticas y poder revisarla con un orden específico, tratando de establecer una revisión de sus constantes y también los rompimientos estilísticos. Y es que con el acompañamiento de la visión del director podemos identificar su forma de observación y de representación de esa realidad en su obra.

No pretendo tratar de descifrar la obra del cineasta originario de Malasia, porque considero que esto derivaría en un despropósito, ya que cada cinta es una experiencia que se va re significando en la creación de sus propios conceptos, haciendo que la realidad que se plantea sea un espacio de experimentación e imaginarios deseados que se proyectan en símbolos visuales y sonoros que se apoderan de la pantalla.

Sin embargo creo que es imprescindible mencionar que la obra de Tsai Ming-Liang ha sido sobresaliente por la potencia simbólica con la que trabaja, y a partir de su siempre propositivas experiencias estéticas; en donde predominan las estructuras narrativas poco convencionales, el ritmo lento que aborda la cotidianidad abrazando así su contexto, pero también usándole como pretexto para criticar los daños (colaterales) físicos y mentales en la sociedad que habitan esas enormes e impersonales urbes que gritan “progreso».

Y es que es a partir de esta crítica que también ciñe sus creaciones, ayudándonos a interactuar con dimensiones montadas en un manejo de la universalidad de su discurso explorando y re-acondicionando el lenguaje cinematográfico, con el que no se busca la perfección, sino la belleza, la nostalgia, la melancolía y el valor de lo imperfecto.

Cuerpos que se entregan al entorno, la desnudez como un refugio de auto comprensión y auto amor, el agua que corre a manera de analogía de aquello que siempre debe fluir, y sobre todo la sexualidad como posicionamiento político por medio de un manejo en donde la transgresión motiva pero nunca para alimentar el morbo, puntuando con mucha delicadeza y pulcritud los cuerpos comunes y corrientes que desean ser contemplados, visualizados y palpados.

 

El cine de Tsai Ming-Liang nos plantea universos que aunque constantemente parecieran decadentes y faltos de las mejores cualidades, se centran en la re-composición de conceptos que se han desarrollado y amplificado a partir de la voracidad con la que los sistemas económicos han deformado las relaciones humanas.

Es por eso que aunque nos encontramos con historias de personajes que andan solos en busca de relacionarse con el otro, no terminan por pertenecer, y a su vez también nos acercamos con personajes que pretenden a toda costa desarticularse de su realidad, generando así atmósferas en donde la contemplación se privilegia y a partir de esto se modifica la interacción con su cine que promueve una artificialidad sugerida desde el manejo del tiempo aletargado y sus representaciones unidimensionales.

Y aunque suene complejo, su cine siempre resulta el equivalente a un espacio de meditación, en donde nuestra mente detona millares de preguntas y comienza a dejarse llevar por las historias que poco a poco contestan esos cuestionamientos, normalmente situados en espacios donde proliferan las luces de neón, los pasillos llenos de gente y vendedores ambulantes, los puestos de comida bajo la lluvia, cigarrillos que llenan de humo el ambiente y motocicletas estacionadas en hileras junto a edificios plagados de personas.

Es por eso que cuando estamos frente al cine de Tsai Ming-Liang es importante que tengamos en cuenta que la representación del dolor compartido que invade las vidas de sus personajes en busca de lazos trascendentales y el desarrollo de afectos, son apenas el pretexto para adentrarnos en una comprensión del ser humano guiado por su sexualidad, el cual propulsa tanto el deseo como la culpa.

Una obra que nos lleva a extremos recordándonos que el cine no solamente es entretenimiento, sino un espacio deliberado para la expiación de los malestares y el aprendizaje por medio de un constante auto cuestionamiento, y es que Tsai Ming-Liang nos recuerda que en lo común, en aquello tan cotidiano se ocultan los placeres y los motivos de nuestros malestares.

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